
¡Cuanto odio, Señor, cuanta agresividad!
La calumnia domina y campa triunfadora;
Hermano contra hermano, ciudad contra ciudad,
Y el mundo se deshace en llama aterradora.
No hay mano que rescate, no queda Caridad.
Solo la fe en tu nombre nos nutre acogedora,
En medio de pasiones y vana liviandad,
Sin prójimos ni amigos, ni mano bienhechora.
¿Adonde iré, Señor? que no me perjudique
El alma, y alimente fatal carnalidad,
¿Es treta del diablo para mi perdición?
Cuento solo contigo, no dejes que claudique,
Y siempre poderoso, ejerce tu deidad
Para que eternamente, goce tu aceptación.
Y es que, Señor, soy débil;
Me gana el enemigo con astucia y maldad
Tentándome sin tregua, que viva en fatuidad.
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