
Calladamente te amo ¡Oh Dios del Cielo!
En ti solo he descubierto la ternura
Me negaron con risa fría de hielo.
Ahora soy ya un viejo, soy abuelo
Que mira de mis nietos la llenura,
En una perspectiva más que oscura,
Y oculta como en un negro pañuelo.
Es la ley de la vida, es arribar
Por distintos caminos del azar,
A una sombra que solo ofrece arcano.
No tenemos ya nada en nuestra mano;
Otros muchos, altercan alcanzar
Rafael Marañón
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