martes, 3 de enero de 2012

A ZARAGOZA... O AL CHARCO.



Antiquísima conseja 
Un mañico, a su destino
De  Zaragoza marchaba,
Cuando en medio del camino
Un mago le interpelaba.

Preguntó a donde viajaba
Y el rústico contestó:
A Zaragoza voy fijo,
Y el mago le replicó
¡Irás si lo quiero yo!

Lo quieras, o no lo quieras,
A Zaragoza me iré.
¡Pues te transformo en ranita!
Y respondiole el tozudo:
¡Pues en charcos viviré!

Un año después, salió
De aquel charco maloliente,
Y el mago, insistentemente,
A preguntarle volvió.

Y el aragonés tenaz,
Sin pensarlo le repite:
A Zaragoza me marcho
Si quieres, como si no.


Otra vez el mago al maño
Al charco lo consignó,
Y pasado un largo año
Para probarle sacó.

Creyendo que había aprendido
De su magia la lección,
Dijo el brujo al cazurrico:
¿A donde irás, mocetón?

El maño que era de casta,
Al momento dijo parco
Con decisión entusiasta:
                      A Zaragoza... o al charco.

Y es que es vano pretender,
Que un maño se allane a hacer,
Lo que alguno con poder,
Necio pretenda imponer.

Y esta es la buena lección
Que debemos aprender;
A nadie hay que someter,
Aunque como aquel mañico,
Sea tozudo y cabezón.


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