jueves, 7 de abril de 2011

AMANTE POBRE




A ultranza te he querido sin gloria ni testigo
Con un querer sublime, grandioso e imposible,
Pues solo soy un pobre humilde y apacible
Y sé que aunque lo sueño nunca estaré contigo.

De Creso las riquezas hubiera yo ofrecido
Por un beso furtivo o una leve sonrisa
De tu rostro de rosa, como un soplo de brisa
Que barriera en mi alma mi dolor y gemido.

Mi sol radiante eres, mi cantarín jilguero
Mi cálido  espejismo, mi luciente alborada,
Mi collado sereno, mi entelequia dorada,
Mi ninfa esplendorosa, mi luna y mi lucero.

Al pasar por mi lado y siendo un pobre obrero
Rico solo en quimeras, sin garbo ni fortuna,
No me miras apenas con tus ojos de luna
Porque me sabes solo un mísero aparcero.

Y al volverme la espalda sin mirarme siquiera,
Mi alma se desgarra recóndita y silente,
Quemando mis entrañas y agitando mi frente
Las llamas abrasantes de una impotente hoguera.

En tu corro elegante, cuando escucho tu risa,
Siento envidia sangrante del rico caballero
Que atento te corteja sin notar que te quiero,
Aunque calle mi boca silenciosa y sumisa.

Soporto los tormentos de tu dura mirada
Cuando me hablas distante porque soy tu criado;
En la pena que ahoga y en mi entraña rasgado,
Inclino mi cabeza y acudo a tu llamada.

Y por tanto sufrir y sufrir cada día
Quebrantado me iría hacia tierras lejanas,
Pero el son de tus pasos y tus risas galanas
Me encadenan y afligen en esta idolatría.

Rafael Marañón

martes, 5 de abril de 2011

MODERNIDAD Poema



Dedicado con gratitud a Juan Manuel de Prada


Aquella sabiduria
Que tanto costaba antaño,
Aquel trabajo tan serio
Limpio, audaz, y sin engaño
De recios siglos pasados.

Todo ha sido reducido
A un saber superficial;
En datos que se acumulan
En un instante fugaz
En  acosadas memorias,

Es la  actual modernidad
Que  falsifica, arbitraria,
La  preclara inteligencia
De una  forma utilitaria
 Por  la  técnica opresora. 

Es fugaz conocimiento,
Superficial, anodino,
Tan meteórico y vulgar
  Agobiante en remolino
Que ligero se evapora. 

A poesía y literatura,
Que eternizaban milenios,
Las arrolla un aluvión
De epidérmicos ingenios
Ramplones y advenedizos . 

Inundan letra y figuras
Ante ojos insensibles.
Memorias que ya no pueden
Recordar, pues impasibles
Llegan datos sin parar.

Ni mente crítica queda
Ni serena reflexión,
Anegada en un diluvio
Por la continua agresión
De mensajes sin vivencias,

No hay cultura que nos llene
De franqueza y nos ilustre
La  diversa inmensidad
Del talento, que dé lustre
A la poesía de lo humano.

Hoy los libros son manjar
De poca gente sensible,
Porque el libro ya es trivial
  Volátil, sustituible
Por frívola información.

Esta nutre incontenible
A nociones, que huidizas 
En la memoria duraban
En vestigios de cenizas
En remolino agitadas.

La memoria se adormece
 Y los datos atorados
Reposan en los ficheros
Ya muertos, petrificados,
Hasta que relevan otros.

Nada es asimilado;
No hay riqueza de la mente
Todo es rápido pasar
Por el tiempo indiferente
Que voraz acucia hoy.

¿Porqué debemos leer?
¿De qué vale meditar?.
No hay reposo, no hay sosiego
Nadie se para a pensar
Ni ejerce discernimiento.

Es necesario parar
A ejercer conocimiento,
Que hoy es loco carrusel
Siempre en vano movimiento
Sin sabor, respiro o goce.

Una vacua sensación
A otra  sucede veloz
Como signo de este tiempo
Tan cambiante, tan atroz,
Tan insulso y tan precario. 

Solo quedan unos pocos
Locos del viejo ideal,
Irreductibles, tenaces,
Absortos en lo ensencial
Y en su intrépida demencia

Impávidos se resisten;
Aguardan con gran paciencia
En su cándida utopía.
El triunfo de aquella ciencia
Anclados en su porfía.

Serán tal vez para siempre
 Los póstumos, pertinaces,
Los osados salvadores
Que vuelvan a restaurar
Del espíritu las voces.


UN GRANDE


MI PADRE
.
Fuerte varón, leal, y sin falsía.
De cuerpo enhiesto y noble continente,
Constante en su sentir, serio y valiente,
Ornado de nobleza  y férrea  hombría
.
De digno porte y grata cortesía,
Su entorno equilibraba muy prudente;
Consejos dispensaba sabiamente.
Repleto de equidad y bizarría,
.
Muy alto, fortachón ¡tan elegante!
Su mítica figura era admirada,
Y fue de las mujeres codiciada.
.
Callado, generoso, gran amante,
Ni a nadie se humilló con la mirada,
Ni nunca codició de nadie nada.
.
.
25 de Julio de 1993.

lunes, 4 de abril de 2011

LÍRICA CANCIÓN.


Romance

Lírica canción de un grillo
Rota de tanto cantarla.
El agua, mansa en la fuente,
Se calla para escuchar.

Unas palabras ansiosas
Se susurran en el alba:
Serrano, yo a tí me entrego
En esta blanca alborada.

Gustosa te doy mi cuerpo
Y el alma también te he dado,
Que tanto uno como otra,
Solo para tí las guardo.

Tus ojos como cuchillos
Me taladraron el alma
Y tanto y tanto te quiero,
Que hasta mi aliento se para.

Manos de dedos vehementes,
Buscan bajo  las frazadas
Y dos, en  ardientes besos,
Se funden de madrugada.

Mil lenguas como cuchillos,
Hipócritas se preparan
Y por la envidia afilados
Sentencian a los que aman.

Pobre del que aquella noche,
Repleto de saña amarga
Juzga maligno y condena,
Lo que tanto él echa en falta

No temas chiquilla mía
De haberme amado bizarra,
Que yo, como hombre de bien,
Me hago cargo de tu fama.

El gallardo mozuelillo
Y la adolescente dama,
Sus promesas entrecruzan
Al despuntar la alborada.

La luna que les contempla,
Se refleja en la fontana
Y a una nube guiña un ojo
Cómplice de aquella magia.

Furtivo se va el mocito
Llena el alma de nostalgia,
La chiquilla, embelesada,
Queda suspirando al alba.

En los cristales mojados
De su aliento en la ventana,
Sus manos suaves de nácar
Posan ansiosas las palmas.

Y en su pecho prieto y terso
Hecho de marfil y ámbar,
Los suspiros se refugian
Por miedo de traicionarla.

Rafael Marañón.